Cómo hacer una presentación y que nadie se te muera de aburrimiento

Si no eres un showman y perteneces a ese gran grupo que llamamos gente corriente, no te preocupes, las personas que van a verte suelen ser igual de corrientes que tú y la empatía está asegurada. Pero, para no dejar todo al poder de identificarse con el ponente… Una charla es como una novela, hay que prepararla, ordenarla, enganchar al principio y acabar por todo lo alto.

Lo primero que tiene que quedar bien guardadito en casa es la vergüenza y las inseguridades. Es inevitable ponerte nervioso: te puedes trabar, expresarte mal, quedarte sin palabras… Eso son gajes del oficio, en cuanto digas «hola» ya va todo rodado. Pero tenemos que pensar, a la hora de organizar una cosa de estas, que la gente que va, sí, va a escucharte o a verte, porque algo le resulta interesante, por mucho que nos cueste creerlo. Así que, igual que valoramos nuestro tiempo, también vamos a valorar el de esa gente, que se ha molestado en levantarse del cómodo sofá para pasar frío o calor y venir a escuchar las cosas literarias que tienes que contar.

Por eso, antes de la presentación en sí, hay que ocuparse de la promoción. Por supuesto no estoy hablando de lonas en la Gran Vía, ni gráficas en marquesinas. Hablo de algo tan llano y utilizado por todos, todos los días, como las redes sociales. ¿Qué es lo que más llama la atención en las redes? Pues una imagen. Vamos a currarnos una imagen, un cartelito bonito. Al margen del diseño, que entiendo que cada uno está limitado por lo que sabe en ese momento de Photoshop o de Paint, lo importante es el mensaje. Creo, tanto como público como editora y publicista, que el mensaje y el titular tiene que ser claro reflejo de lo que luego nos vamos a encontrar. La gente está bombardeada por todos lados, una charla por aquí, una mesa redonda por allí, y claro, si son nuevos no saben qué se van a encontrar, por qué decantarse por ti. Nuestra opción siempre es dárselo mascadito. Si es un taller, hacer un cartel, un guion, con lo que vamos a tratar. Si es una presentación, lo mismo, un cartel con lo que vamos a hablar.

No hay nada más impreciso que: Presentación (mete título de libro, que por supuesto no conoces) —otra línea— El autor (insertar nombre de autor, conocido en su casa) firmará ejemplares (ejemplares que no sabes cuánto cuestan ni cómo son) después del simposio (simposio, eso ya te suena a rollo).

Como es difícil hacer que la gente se mueva de su cómodo sofá, vamos a dárselo todo fácil, que si vienen sepan a qué se van a atener, hay que captar su atención, pero manteniéndonos fieles a la realidad. De nada sirve crear falsas expectativas, porque sí, puede que hayas engañado a esa gente y les hayas colado algo que no era, pero te aseguro que no van a volver a la próxima. Y me parece que eso, cuando te quieres dedicar a los libros, no es algo que interese. Por eso animo a que los mensajes sean sencillos, siempre pensando en qué te interesaría a ti.

Perfecto, una vez has convencido y motivado a un grupo de personas a que salgan de sus casas y se sienten o estén delante de ti… ¿ahora qué?

Lo peor que puedes hacer en una charla, sea cual sea, es comenzar hablando de ti mismo. Porque siempre va a haber gente que no te conozca, y si empiezas hablando de ti, ya sea con una anécdota o hablando del último libro que has vomitado, vamos mal, suena todo enlatado y publicitario. ¡Haz que se interesen! ¿Por qué tu vida va a ser más interesante que la suya?

Hay que empezar en territorio neutral, un territorio en medio entre el público y tú. ¿Cómo? Nosotros usamos a Jorge, él siempre comienza las charlas con una breve presentación y da paso a los protagonistas hasta que, poco a poco, acaba hablando más el invitado. En este caso el territorio de en medio es Jorge (o el editor), que el público ya conoce de otras veces, o que sirve para comenzar el camino de la mano con los asistentes, es el que los guía e impide que se vaya el asunto por las ramas.

Si no tienes un editor y no engañas a ningún amigo, empieza por el principio —no por tu nacimiento—, por lo inmediato, ¿por qué has hecho esta reunión, este evento? ¿Qué van a conseguir por quedarse ahí y escucharte? ¿Qué les das tú a cambio de su tiempo? Te presentas (¡muy brevemente!) y explicas de manera sencilla el objetivo de esta reunión. Si el objetivo es vender ejemplares, eso te lo guardas, porque ya sabemos que el objetivo es que la gente conozca X. Por qué ese día, por qué en ese sitio, muéstrate cercano y ya tienes tu introducción y tu punto neutral, ya puedes soltar tu chapa. Pero, ojo, cuidado, no te embales.

No te embales y no te pierdas en tu vomito. Para eso lo más sencillo es prepararte un guion y tener muy claro que el objetivo no es hacerte el listo, el artista, ni el intelectual. Eres una persona normal, seguramente algo raro —porque si te dedicas a la escritura tendrás algún punto raro, no te atrevas a negarlo—, los asistentes, tus posibles compradores, no quieren un artista. Hay que desmitificar la figura del escritor, y no se desmitifica con más postureo, señores. Hay que dejar de darnos esa pompa que no gusta a nadie. Eres un tío raro que has conseguido juntarletras con sentido y convertirlas en literatura, bien, pero que no se te suba, que hay miles como tú y seguramente mejores. Así que apelad a vuestra humildad y sencillez.

Cuando ya estés hablando llanamente y veas que la gente baja la mirada y eleva la comisura de la boca de vez en cuando, céntrate en el mensaje. Estás presentando un libro, por ejemplo. Olvidaos de contar con sumo detalle de qué va. Eso pueden saberlo leyéndose la larga sinopsis en la web, sin necesidad de ir a ninguna charla. Quizás la primera pregunta es ¿por qué has escrito eso? Esto es desmitificar la figura del escritor. Si explicas tu proceso creativo animarás a la gente a escribir, porque, oye, no es tan difícil, ya sabéis lo que siempre digo, es trabajo, constancia y un poquito de talento. Así que cuenta por qué lo escribiste, en qué época, qué andabas haciendo paralelamente, cómo fue el primer borrador, cómo lo corregiste, quién lo leyó primero… Datos que puedan servir a otros. El marco entre escribir en procesador de texto y publicarlo es lo que más interesa a la gente, porque es de lo que menos se sabe y porque, atentos, cada autor es diferente en esto. Eso es lo que lo vuelve interesante. Luego ya contáis de qué va, pero en tres líneas. Y por supuesto no te metas en jardines de lo que pretendes evocar al lector cuando lo lea. Porque eso, amigo, lo verás después cuando lo lean y te critiquen duramente en Goodreads. Tus intenciones nos dan igual, porque esto es general, has escrito algo que te gustaría leer a ti, esa es tu intención, el resto es pompa y boato. Así que no te pierdas en eso.

En general no te pierdas. ¿Os acordáis del esquema que habéis subido los días anteriores a las redes sociales? Pues seguidlo. Si tenéis a alguien que haga de enlace entre un tema y otro, perfecto, mejor. Porque así parece más una conversación de amigos. Por supuesto que alguien del público interactúe mientras tú hablas, que interactúe contigo y no en bajini con el de al lado, es un plus, es guay, tío, porque lo has cazado, tienes su atención, así que tú tienes que responder debidamente, no bloquearte porque ha interrumpido tu speech, intenta seguir la conversación con él, si es una pregunta, responde, si una extrañeza, continúa la broma. ¡Tienes su atención! ¡Úsala! Eso es cercanía, y la presentación estará más cerca de convertirse en una charla entre amigos. Que es bueno.

El final es tan importante como el principio, pero puede que ya no esté en tus manos lograr el objetivo, porque la gente ya se habrá hecho una idea de ti. Sin embargo, hay que intentar quitar importancia a lo que haces, a ese libro, que estás presentando, porque tu mundo no gira —y no debe girar— en torno a él. Así que, con sencillez, habla de lo que estás haciendo en estos momentos, seguro que estás a varios asuntos. Explícalos escuetamente, porque ver que otras personas hacen muchas cosas y no llegan a todo, pero son felices y van consiguiendo algunas, es la mejor inyección de moral y motivación que pueden tener la gente que ha ido a verte. Se quedarán deseando llegar a sus casas y ponerse a escribir, a leer, a dibujar, a terminar ese proyecto o retomarlo. ¡Incluso querrán irse de cañas contigo y que seáis amigos! Y motivar a alguien es el mejor recuerdo y la mejor imagen que se pueden llevar de ti.

La fase de preguntas. ¿Os acordáis que arriba os he recomendado dejar la vergüenza y las inseguridades en casa? Pues los asistentes no se la han dejado, así que cuenta con que no haya preguntas porque la gente —oh, sorpresa— le da vergüenza. Así que, si no estás tú solo en la mesa, lo mejor es preparar preguntas con el que tienes al lado (o con el presentador). Si es tu colega, tú le preguntas a él y él a ti. Si es tu editor, él pregunta y tú le preguntas a él. Preguntas sencillas y con chicha como: ¿Y cómo llevas las críticas? Animan al público a pensar sus propias preguntas, tiran del hilo, ponen en marcha el motor. Y si no lo hace, por lo menos que sirva para conocer más al autor, como una mini entrevista. Nosotros nos preparamos unas cinco preguntillas, quizás alguna se haya contestado durante la charla, quizás se te haya ocurrido alguna sobre la marcha, pero para no dejarlo todo al azar y a la inspiración, pues mejor llevar los deberes hechos. Porque es tu responsabilidad.

Y después de este paseo intentando brevemente desgranar cómo se hace una buena presentación, os animo a asistir a la presentación del sábado de Novelas cortas de intensa ficción, porque vendrán todos los autores (nerviosos y vergonzosos) y nos hablarán con sencillez, y podréis preguntarles (o lo haremos nosotros) y estarán firmando (si queréis claro).

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Además, Víctor y Gonzalo darán una pequeña charla sobre la fantasía y sobre su libro Delbaeth Rising.

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