En este sector…

Me sigue pareciendo sorprendente encontrarme con gente que no tiene ni idea de cómo funciona —o debe funcionar— el mundo editorial, y se extraña cada vez que decimos que el autor no paga nada, que lo ponemos nosotros, y luego recibe sus derechos de autor correspondientes —mirada de extrañeza—; entonces, ¿dónde está el negocio? Pues está en hacer bien nuestra parte: sacar buen material y de calidad; y en que vosotros hagáis la vuestra: leer.

Pero que la gente se extrañe y le sorprenda eso de que el autor no pague refleja cómo está el mercado en nuestros días, como está de mal. Con infinitas editoriales que basan su negocio en la forma más deplorable de coedición, algunas emergentes que te exigen vender los ejemplares antes de la publicación para «avalar» tu «proyecto» y los grandes gigantes de la edición que publican a famosos de la tele y a blogueros, ¿qué se va a pensar? Si el mundo editorial es una casa de putas sin amo.

Uno de los problemas es la desinformación. Seguimos encontrando la versión homóloga de la ancianita abriendo al timador de turno. En este caso las ancianitas son escritores noveles y el timador de turno las coeditoriales, donde te sale mucho mejor y más barato buscarte tú solo la imprenta e imprimir los ejemplares que te dé la gana, libre y sin ningún sello feo en tu portada.

Pero el problema principal son los «escritores» —los que se autodenominan así alegremente—. Ansiosos por publicar, dispuestos a aceptar cualquier oferta por precaria que sea. Internet ha hecho mucho daño. La calidad se mide por followers, y así ocurre que pagan X€ a gente que hace el más simplón de los artículos, mientras que uno de calidad —la calidad de verdad— está subido gratuito al blog de cualquierpersonadesconocida.com.

Claro, si tú te pones digno y exiges un precio, aunque sean 5€ por 600 palabras —al fin y al cabo, cuando te dedicas a ello con profesionalidad y oficio, eso te lo sacas en media hora—, te dicen que te peines, que de qué vas exigiendo un pago por tu tiempo y tu talento. Que otra persona detrás de ti, posiblemente peor, quién sabe, está dispuesto a hacerlo gratis, porque es su hobbie y al fin y al cabo ellos solo quieren un contenido diario para mover en su web, tampoco nos estamos jugando un Pulitzer. Pues así con todo.

Particularmente, en el mundo editorial la devaluación es máxima. Deberíamos aprender de nuestros amigos diseñadores, tienen un book, tienen sus tarifas. Ahora las grandes no arriesgan, o arriesgan un 5% de sus publicaciones anuales, el resto son best-sellers de gente que ya ha sido best-seller o famosillos —o desconocidos— que está en la cresta de la ola, así que publicamos su libro, los llevamos a la feria de Madrid y listo, colas infinitas para hacerse la preciada fotito, que el libro —ya se sabe— es lo de menos.

¿Quién arriesga? ¿Dónde ha quedado la figura del editor, el que apostaba por un título o un autor en concreto hasta el final? Prácticamente es inexistente. En la era de la información, hay una profunda desinformación de este sector. Los «autores» quieren publicar su libro y lo quieren publicar ya, da igual que tengas oficio y años de experiencia trabajando o escribiendo. Las editoriales grandes solo nos traen traducciones o famosillos. Y, mientras tanto, en Amazon se suben diariamente cantidad de ebooks autoeditados. Hemos hecho un lío al lector. No saben qué tienen que saber. Ante tremendo follón, los prejuicios campan a sus anchas como los bandidos en tiempos de guerra, y, por miedo a perder tiempo y dinero en algo que no saben si es bueno o malo —¿de quién fiarse?—, los lectores, con la inmensa oferta que hay ahora (todos los géneros, todos los estilos, todos libros que no te dejarán indiferente y cambiarán tu vida), se limitan a su zona de confort. Y a ver quién es el guapo que se lo reprocha.

Y como todo esto me revienta muchísimo, pues intento hacer bien mi trabajo. Antes una editorial era sinónimo de calidad (mayor o menor, pero siempre con un mínimo, y con un trabajo). Porque había numerosos filtros, sabías que —independientemente de que siempre se rige como un negocio— las historias que se publicaban eran buenas, o al menos alguien había apostado por ellas, había tenido esa visión. Alguien se las había leído y había dicho «oye, esto me gusta. A ver si le gusta a alguien más». Entonces ibas más confiado a tu sección favorita, buscando un autor que no conoces o mirando las novedades.

Ahora el libro que se publica es el que tiene X ejemplares vendidos, y todos sabemos que eso no es sinónimo de calidad. El criterio por el que se ha hecho es cuestionable, y por eso se cuestiona esa calidad, porque a lo mejor un millón de lectores de EE.UU. están equivocados.

Mientras, la literatura está a cubierto, esperando a que escampe.

5 Comentarios

  1. Gran artículo. Como editor me enfrento a todo lo que se comenta y pienso exactamente igual. El sector se ha convertido en un sálvese quien pueda. Repito, enhorabuena por el artículo.

  2. junio 14
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    Pensaba más o menos todo esto pero desordenadamente, sin encontrar ciertas lógicas que aquí se aclaran maravillosamente.

    Genial!

  3. Adrian
    septiembre 25
    Responder

    Sé que quizás esto no sea muy popular entre editores por el gasto que conlleva, y que lo importante es el contenido y no el continente… pero, hacer de los libros por los que apostamos pequeñas obras de arte en tapa dura, en vez de ejemplares prácticamente de ediciones de bolsillo ¿no le daría al lector la impresión que realmente se ha apostado por una historia?

    • Esta propuesta lleva detrás un interesante debate, porque son muchos los aspectos que afectan a que no sea la solución. Pero, sin duda, el primero que echa para atrás es el precio de impresión de un ejemplar de tapa dura.

      Estamos hablando de que, fácilmente, con una extensión media de páginas y en las tiradas que se manejan en editoriales pequeñas/medianas (100-200 ej.), cada uno te puede salir a entre 7 y 10€. Calculando que hay que añadirle un 30% para tiendas (60% si trabajas con distribuidor), el 10% para el autor, el IVA y, por supuesto, repercutir todos los gastos de producción y distribución, además de los impuestos tipo IRPF (y todo sin contar el “beneficio” que debería llevarse el editor para vivir de elo), puedes hacerte una idea de que el PVP final será bastante alto. Y un precio alto (sobre todo si no se corresponde con lo que vendes) dificulta enormemente no solo la venta, sino el abrirte a nuevos lectores y mercados. Pero de las consecuencias de los precios altos se debe hablar ya otro día, porque también da para largo.

      Cuando editas y entras en el mercado con todas las de la ley, con todos los gastos e impuestos que conlleva, las cifras se disparan. No es tan fácil como decir “bueno, me cuesta 7, lo pongo a 14 y eso que me llevo”. Por el camino se quedan tantos porcentajes que lo único que consigues es arriesgar enormemente el dinero. Por supuesto, cuando las tiradas son de 1000 ejemplares, si te quedan 2 o 3€ por ejemplar, pues oye, sales a cuenta (sin contar con que 1000 ejemplares son más baratos de producir por unidad que 100). Pero en cantidades pequeñas puede ser una ruina.

      Por supuesto hay más razones, y ya hemos comentado arriba que es un debate que tiene bastantes aspectos que comentar. Pero si uno frena en seco es, sin duda, el del precio.

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