Me excluyes

por @Cris_MiCa

Quien me conoce sabe que nunca me quejo del machismo, no exagero ninguna actitud, ni me doy por aludida (o excluida) con los pronombres neutros. Pero esto de ser mujer a veces es más difícil, a veces es simplemente diferente, una diferencia que no debería ser tal. Esto no es victimismo, es una reflexión —mi reflexión— sobre el machismo en nuestro terreno, en la literatura.

Pienso que el feminismo más radical (el que se oye en los medios y genera polémicas, a veces consiguiendo sin querer lo opuesto a lo que se persigue) encuentra exclusión donde no la hay, se ofende por todo y busca problemas para crear conflicto. También creo que entrar en debates absurdos solo genera que los que son machistas de verdad lo vean como una estupidez e ignoren la raíz del problema. A la vez también comprendo que hay que concienciar a la gente que ni siquiera se da cuenta que tiene una actitud machista.

Lamentablemente, en todos los sectores encontramos actitudes machistas, y la literatura no iba a ser una excepción, desde luego. Yo nunca he sido de destacar este tipo de actitudes, siempre he pensado que, siendo natural, no dándote por aludida y haciendo bien tu trabajo es suficiente. Pero hay veces, situaciones y palabras que te explotan en la cara. Las vas dejando pasar, pero, mira, este es un buen momento para ponerlas por escrito, y que no sirva para marcar nuestras diferencias —porque sí, somos diferentes—, pero ni vosotros por ser hombres, ni nosotras por ser mujeres, somos superiores o inferiores.

Una de las cosas más difíciles de cambiar es ese pensamiento masivo de que «el pulp es de chicos». Somos un nicho pequeño, el público general desprecia nuestro tipo de literatura por desconocimiento, pero una vez dentro, los que estamos dentro, la imagen mayoritaria es que el pulp es cosa de hombres. Y me revienta. No hay géneros de chicas o géneros de chicos. Fijaos, soy publicista y entiendo perfectamente que haya tendencias de mercado y que haya más mujeres que consuman novela romántica que hombres, igual que hay más hombres que consuman novela de terror que mujeres. Pero tenemos que acabar con el «es de chicas» o el «es de chicos», tenemos que acabar con: «si a una mujer le gusta el terror es rara», o «si un hombre le gusta la romántica es gay». Deberíamos acabar con los prejuicios en general, y también con que tu inclinación sexual sirva para definirte como persona, pero bueno, poco a poco.

Un ejemplo con esto de los géneros. Hace un par de reuniones, en el club de lectura, uno de los miembros se extrañó de que a Sofi y a mí —las únicas chicas en la reunión— nos hubiera gustado el primer cuento de Conan que mandamos leer, La hija del gigante helado. Ese dar por supuesto que a cualquier hombre le va a gustar ese cuento, y a las mujeres no… ¿Por qué? ¿Porque Conan está persiguiendo a una mujer por la nieve después de una batalla? Es la misma presuposición de que si es violento o gráfico ya no va a gustar a las mujeres. Dejadnos decidir a nosotras lo que nos gusta y lo que no, que los gustos no son cuestión de género. Y haceos un favor y abandonad esa visión simplista.

A lo que iba, «el pulp es de chicos». Me parece tan surrealista estar escribiendo este párrafo en pleno 2016… que Leigh Brackett en los sesenta tuviera que lidiar con esto, pues bueno, se puede comprender, pero hoy, ahora… Seguimos atrasados. No voy a especificar cuál ha sido el detonante de escribir este alegato, pero ha sido por un tema de géneros literarios. Y es que, aunque vayáis de aperturistas, de «yo ni de coña soy machista», seguramente alguna actitud se os escape, de tan arraigada que las tenéis. El caso es que este detonante era sobre un género muy macho que alentaba a cosas muy masculinas, y que no dejaba hueco para la interpretación femenina, ni un resquicio. Entiendo que no esté a mala intención, pero eh, puede que alguna chica, además de a mí, nos guste ese género y, como si no tuviéramos bastante, nos castigas excluyéndonos.

Me siento excluida en muchos momentos, en muchas situaciones. Creía que estaba curada de espanto. Fijaos, siempre me ha gustado el fútbol y hablaba con mis amiguitos de clase de los partidos, y en la ingenuidad infantil, a esa edad, te miraban menos raro que ahora. Cuando vas creciendo ya te encuentras comentarios como «te gusta ver el fútbol porque ves a tíos guapos». Y ahora, si simplemente es una persona que conozco de poco, ya sabéis, un amigo de un amigo, pues comenta las jugadas con Jorge sin dedicarme la más mínima mirada, qué voy a saber yo si soy solo una chica (a pesar de que Jorge, que no es mucho de fútbol, siempre dice: “Es a ella a la que le gusta el fútbol”. Y ahí la conversación suele terminar).

En fin, la literatura. En el terreno laboral, muchas veces, también me siento muy excluida. Cuando Jorge y yo vamos a algún evento, quizás con gente —hombres— con los que solo hemos hablado por mail (lo que suelen hacer conmigo), éstos suelen limitarse a hablar con Jorge. Es cierto que estas cosas me suelen pasar más cuando trato con generaciones anteriores, personas (hombres) mayores. Son situaciones donde me convierto en el complemento bonito de Jorge, la que pone cuqui el stand, la que aporta solo el elemento estético, porque… ¿qué va a hacer, si no, una mujer en un evento de literatura de ficción?

El otro día también hablábamos de las siglas en el nombre de autor. Se tiende a pensar, erróneamente, que si tú firmas con un M. C., o M. Apellido, se trata de un hombre. Es algo tan absurdo, pero que vuelve a estar profundamente arraigado. Yo firmo con Cris Miguel, mi firma de mail es también Cris Miguel, pues la gente pregunta si soy Cristian Miguel (sin valorar la opción femenina), y otros dan por supuesto que soy un hombre. Son gilipolleces que me revientan.

Ahora, que todos tenéis la empatía por las nubes, que estáis pensando cuánta razón tengo y os preguntáis cómo los hombres son tan imbéciles. Ahora repasad vuestros actos. Vuestra forma de pensar, vuestro trato con las féminas. Muchos pensaréis que vuestro trato es intachable, porque sois liberales y creéis en la igualdad. Pues es probable que hasta vosotros, en algún momento, hayáis sido machistas, excluyendo o dando por sentadas cosas que no son. Eso no quiere decir «todos sois culpables». Quiere decir «no os confiéis, no bajéis la guardia».

Y todo pasa por ser un poco cuidadoso, hasta que, de la pura práctica de ser cuidadoso, de no excluir, ya te salga natural la actitud que debe ser la correcta. No se trata tampoco de cuidar nuestro lenguaje hasta al más mínimo detalle porque si no perpetuamos el patriarcado, ni de examinar con lupa hasta el último de nuestros gestos porque pueden ofender a alguien… no. Es algo tan simple como no excluir a las mujeres porque sean eso, mujeres. Como no pensar que, por ser chica, ya viene de base con unos gustos. Mira a ver, primero, qué me gusta y qué no, igual que harías con otro tío. ¿Verdad que, antes de hablar de fútbol, no es raro imaginar que a otro hombre le preguntes «oye, ¿te gusta el fútbol?»? ¿Verdad que no? Pues aquí lo mismo. Por supuesto que hay aficiones y lugares comunes mayoritarios en los gustos de las chicas, igual que entre los chicos. Pero eso no quiere decir que sean «exclusivos».

Y todavía no me he metido en el terreno sexual… Nuestro público suelen ser hombres, así que, en cualquier evento o actividad, pues Ellos son mayoría. Y nunca falla encontrarme con alguien que me mire y me trate como mero trozo de carne, y digo yo ¿por qué tengo que aguantar esto si yo solo quiero hacer mi trabajo?

Quiero confiar en que vaya remitiendo. Aunque igual que te encuentras retrógrados que piensan así, te encuentras chicas petardas que alimentan el estereotipo.

Y nosotras tampoco tenemos que ir de duras, tenemos que cambiar mentalidades con responsabilidad y marcándonos como objetivo la igualdad, no que nosotras seamos superiores. Tampoco se puede dilapidar a los hombres por cada pequeño gesto erróneo, perseguirlos y arrinconarlos por ser los «malos», porque muchas veces no son ni ligeramente conscientes de lo que están haciendo. Se trata de concienciar, de compartir con ellos nuestro disgusto y de arreglar un problema sin generar nuevos rencores.

Desde mi porción de realidad, yo intento alentar a las chicas a que escriban más, porque seguimos siendo muy pocas en la editorial. Y a los chicos, a que no nos ninguneen ni nos traten de manera especial solo por ser chicas.

Así que comprometeos y sed responsables. Muchas veces es cuestión solo de saber tratarse los unos a las otros. Basta de mansplaining (y de la condescendencia en general entre las personas), de babas y miradas lascivas, de prejuicios, de dar por sentado o generalizar, de aceptar diferencias salariales y de excluir. Somos igual de capaces, podemos tener los mismos gustos y al trato y al respeto deberíamos de ser absolutamente iguales, así que arremangaos y dad ejemplo, cada uno en su porción, de una actitud correcta e igualitaria. Es lo mínimo. 

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