Sobre la estructura narrativa: el esqueleto en el armario

por @Excentrya

A estas altura del partido, decir que la estructura narrativa es esencial para una novela sería bastante estúpido. Si no sabes esto, lo mejor es que te dediques a otra cosa, el encaje de bolillos o la pesca con mosca están de moda, así que vete pensando cambiar el teclado por la caña y los pantalones pesqueros.

¿Todavía estás aquí? ¿Pasas de la pesca? Bueno, pues entonces vamos a hablar sobre la estructura narrativa. Hace unas semanas publiqué en mi blog una serie de artículos sobre las estructuras, pensé que iba a ser un mero repaso, que la gente entendía el funcionamiento de las estructuras y tenían claro qué hacer y cómo hacerlo. Tras el primero me di cuenta de que la gente no entiende las estructuras o les tiene un miedo terrible.

Muchos escritores no entienden cómo funciona la estructura narrativa, yo me he encontrado con casos en los que el final —ese maravilloso momento de catarsis en el que todo debe terminar— podría haberse intercambiado con el nudo o con el inicio de la historia y nadie nunca se habría dado cuenta. Esto es un error de base y que, por desgracia, he visto en más de una ocasión. Entiendo que se quiere crear una final abierto para poder continuar contando la historia en el siguiente libro, pero, por favor, un final abierto sigue siendo un final.

Para escribir necesitamos entender la estructura narrativa, es la base de todo nuestro universo, sin una estructura adecuada la historia se nos vendrá encima y nos enterrará vivos. Por eso en el artículo de hoy vamos a dar un repaso rápido y general a la estructura, qué es y cómo son sus partes.

Primera parte: ¿Por qué me debería importar?

El inicio de tu novela, esa parte que se encuentra antes del primer pilar de tu puente, debe introducir tu historia. No estoy hablando de largos prólogos que nadie lee y que no nos interesan, estoy hablando de una visión general de tu mundo, de tus personajes. Una introducción, algo que consiga atrapar al lector, hacer que se interese por lo que vas a contar.

Te voy a dar una pista: los prólogos son el lugar en el que mueren los sueños. Nadie nunca en ningún lugar del mundo se ha leído un prólogo. No me obligues a arrastrarme por 15 páginas de trasfondo y descripción de un mundo que todavía no conozco y que, por lo tanto, me importan entre nada y una mierda.

Segunda parte: El gancho

Como te acabo de decir, olvídate de los prólogos, a nadie le gustan, nadie quiere leer un prólogo. El motivo es que todavía no conocemos ese mundo y no queremos leer 15 páginas repletas de información sobre algo que no nos interesa. Las primeras páginas de tu novela, su inicio, son tu única oportunidad de atrapar al lector. Olvídate de prólogos, no nos cuentes todavía lo que pasó durante la XXVIII Guerra Trol por el control del Zapato Apestoso de la Reina Gumersinda.

Las primeras páginas de tu novela tienen que atrapar al lector, necesitas captar su atención. No se sumergirán en tu novela si no has conseguido engancharlos en esas primeras páginas. El gancho pueden ser muchas cosas, pero deberías siempre intentar desmontarlo a su mínima expresión. El mejor gancho siempre será una pregunta.

Tercera parte: El primer acto

Aquí tienes el primer pilar del puente de tu estructura, hasta aquí has avanzado por terrenos más o menos sólidos, pero ahora estás sobre las aguas. El primer acto ocupará entre el 20 y el 25% del total de la narración. A bote pronto parece mucha extensión para una introducción, pero si quieres enganchar a los lectores, primero tendrás que darles algo a lo que agarrarse.

Cuarta parte: El primer evento

El primer evento, o giro, será el momento en que lo cambie todo: el verdadero inicio de tu historia. Recuerda que no se trata de un evento sin más, no es que tu protagonista va andando por la calle y tropieza. No, este evento ha de ser determinante, pues tu personaje deberá reaccionar y tomar una decisión que cambie el curso de su vida.

Plantea un problema que obligue a tu personaje a marchar hacia adelante.

Quinta parte: Momentos clave

Conforme avances en tu historia tienes que encontrarte con estos dos momentos clave: la aparición del problema y el deseo o la necesidad de resolverlo. Si te falta uno de los dos, vuelve atrás y créalo.

Sexta parte: La primera parte del segundo acto

La parte contratante de la segunda parte. En este punto tu personaje deberá encontrar la forma de actuar, es aquí donde decide resolver su problema y es aquí cuando encontrará la forma de hacerlo. En este punto empezarás a reaccionar a todos los hechos del primer acto. Cada acción del protagonista le llevará de problema en problema, fallando mucho por el camino.

Séptima parte: El punto medio

Este es el punto central de tu historia, en este momento es donde deberás concentrar toda la tensión. Sam Peckinpah era un maestro manejando este punto, lo que llamaba su «centerpiece». En Perros de Paja, este punto sería la escena de la violación, el momento de mayor tensión narrativa de todo el film.

Si quieres saber qué es exactamente la «centerpiece», te recomiendo que veas esa película y en concreto esa escena, creo que es la mejor explicación que alguien te dará jamás.

Octava parte: La segunda parte del segundo acto

El punto de inflexión, aquí es donde se queman las naves. En este momento la tensión estalla y ya nada puede volver a ser cómo era. En este punto el protagonista, cansado de fallar una y otra vez, entenderá que tiene que dejar de reaccionar a los hechos y tomar las riendas del asunto.

Novena parte: El tercer acto

Como cada acto tiene que comenzar con un hecho fuerte, sin embargo, en esta ocasión tiene que ser algo más. Algo muy muy grande. A partir de aquí —75% de la narración— nos tenemos que subir en una montaña rusa. Ya no hay tiempo de respirar, los hechos, a partir de aquí, deben ser arrolladores.

Décima parte: El clímax

La parte que, por mi experiencia, peor lleva el personal. El clímax es el momento de la batalla final, tienes que mantener a tus lectores al borde de sus asientos. Si hemos hecho las cosas bien, deberían hacerse una idea de lo que va a suceder a continuación. Aunque siempre está bien torturarlos un poco  y dejar un par de preguntas sueltas… algo que pueda salir mal en el último momento y obligar a tu personaje a tomar alguna medida desesperada.

Undécima parte: El desenlace

Se acabó, tu historia y el gran conflicto, terminan con el clímax. De hecho podrías haber acabado tu historia en ese momento de catarsis, al estilo de la lucha de Goku en Namek, cuando todos nos quedamos rotos de dolor al ver a nuestro supersayan favorito morir en la explosión del planeta.

Sin embargo, casi nunca se termina un libro así, siempre hay tiempo para un par de escenas más que nos explican cómo ha quedado el mundo tras los hechos narrados en tu historia. Siempre puedes mostrar a tus lectores cómo es la vida de nuestro protagonista tras vencer —o no— a ese terrible mal.

La estructura narrativa, por sus fórmulas, es muy sencilla de aprender y, una vez lo consigues, debería ser muy sencillo crear tantas historias como quieras. No deberías tener problemas en repetirla en todos tus textos. Sin embargo, y a pesar de ser tan sencilla, es una de las partes que más problemas dan a los escritores.

Jaume Vicent Escrito por:

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *