Un relato es un relato

por @Cris_MiCa

Ya me he enfadado. Siempre escribo enfadada. Y es que parece que la gente se casa con sus relatos, cuando debería ser algo fácil, divertido, que tardas poco en escribir… Pues resulta que no, que la tendencia es tirar de carpeta, de portafolio, de historial. Pero no os dais cuenta de lo mucho que habéis cambiado como escritores y lectores en tres años, ¿por qué entonces buscar en algo polvoriento en vez seguir escribiendo, hacer algo nuevo, crear?

En esas me encuentro, con un certamen en marcha y recibiendo relatos polvorientos (no todos, por supuesto). El caso es que me sorprende. Porque se tiende a mandar relatos o manuscritos como quien te tira una bola de papel. Oiga, no. Vamos a dedicarle un tiempo, vamos a corregirlo, vamos a publicarlo en papel, el mejor se llevará treinta euros —en este caso—, entonces ¿por qué no crear algo nuevo, algo especial, particular para ese certamen?

Muchos me diréis «ya, pero es que estoy harto de mandar relatos y que no me publiquen ninguno», eso lo entiendo perfectamente. Pero qué es lo peor que te puede pasar por hacer algo nuevo, ¿perder el tiempo? Y aquí entra la cuestión, amigos, que para un escritor, aficionado o profesional, escribir no es perder el tiempo. Los certámenes, los concursos, solo tienen que servirnos como excusa para escribir cosas nuevas, como motivación. Si no te seleccionan, pues se queda la experiencia. Quién sabe, a lo mejor de ese relato surge un personaje que germina la idea para una novela, o puede que no sirva para nada y se quede empolvado en tu carpeta de escritos, pero ¿y qué? Es tuyo, es personal, cada relato, cada historia es de un momento de tu vida, se notan las influencias de lo que estabas leyendo recientemente, es un espejo… Al grano, lo importante de escribir un relato es divertirse.

Por eso no entiendo la gente que no le quiere dedicar una pizca de su tiempo a divertirse y a seguir escribiendo, a probar nuevos géneros, a mejorar. Entonces… ¿qué se supone que tengo que hacer yo? ¿Leérmelo, corregirlo y juzgarlo cuando el único esfuerzo que ha supuesto ha sido adjuntar en el mail un relato de hace cuatro años?

Los relatos de ficción tienen que ser ligeros, divertidos, fáciles. No te puedes plantear escribir un relato como si fuera el escrito más trascendental de tu siglo, porque entonces creas bazofias de diálogos forzados y momentos pseudofilosóficos. Te tienes que sentar y escribir lo que te apetece leer. No plantearte hacer algo original, con un guiño a este autor o a esta obra, una ambientación cuidada y característica y unos personajes opuestos a los estereotipos, porque casi con toda seguridad te va a salir un mojón.

Así que desde aquí, como editora y escritora, vuelvo a animaros a crear y esta vez desde un punto de vista distinto. Crear humildemente, sin ínfulas, sin pretensiones. Si escribes para ti algo que te gustaría leer, con total seguridad encontrarás gente que comparta tu opinión. Sin embargo, si lo que buscas es relevancia, marcar la diferencia, destacar… pues no. Porque te costará más escribir, tardarás más intentando hacerlo perfecto, sublime, que cada frase sea una quote que señalar y olvidarás lo más bonito de escribir: divertirse con naturalidad, que es como realmente se llega al público.

He dicho.

2 Comentarios

  1. Tienes toda la razón, Cris Miguel.

    Si alguien quiere convertirse en escritor, no debe ver el acto en sí de escribir como «perder el tiempo». De hecho, decir algo como eso te da una imagen muy negativa profesionalmente hablando. Además, estoy cien por cien contigo con el hecho de que no somos las mismas personas de hace tres años. ¡Coño, en ocasiones ni siquiera la de hace unos minutos! Porque estamos en cambio continuo, no tenemos ni los mismos conocimientos, experiencia y, a veces, algo como el carácter con el que uno se levanta influye en lo que posteriormente te lleva a crear como narrador. Para prueba, está claro que tu escrito —producto de la reacción que te ha repercutido el recibir tantos «textos de carpeta»— no es igual que si hubieses esperado unos pocos días y luego lo hubieses redactado.

    Sin embargo, también hay que tener en cuenta que muchos escritores somos apostadores. Tenemos que lanzar muchos dardos para comprobar si alguno consigue alcanzar la diana y, a veces, bien sea por la falta de tiempo, el cansancio que supone la actividad de escribir (que si bien, siempre es placentera y divertida, pero como toda ciencia que queremos tomar totalmente en serio, nos supone un importante esfuerzo por nuestra parte) o por la razón de que quizás veamos algo antiguo nuestro que se adecua a lo que proponen en algún concurso particular, no perdemos nada tirando los dados para ver si la suerte nos acompaña. Por supuesto, no me refiero al hecho de intentar hacer un texto trascendental. Simplemente, al acto de hacer bien algo sencillo, corregirlo y mandarlo con el fin de que se adapte a las características que pide el lugar que hace la convocatoria. Dependiendo de la persona eso puede costar más o menos, pero cuesta. Es lo que supone competir; procurar ajustarse para ganar. Vivimos en una etapa de globalización y conexión permanente. Ahora, hay más concursos literarios que nunca, y también, oportunidades para que los escritores tratemos de vendernos. Por otro lado —algo que añado: me parece maravilloso— hay más personas que quieren alcanzar el sueño de vivir de esto que tanto nos apasiona. Por ello, uno tiene que volcar sus esfuerzos en todo lo posible y, en ocasiones, tirar de lo que hiciste hace «X» tiempo si crees que puede ayudarte. Por supuesto, no hay que ser un vago. No se trata de enviarlo así por las buenas, sin corregir ni arreglar. Aunque no por ello hay que rechazar las posibilidades que te brinda.

    Eso sí, justificado bajo el argumento que expongo: como un aliciente para participar en más concursos. Con la idea de crear más textos y enviarlos a convocatorias. Con la ilusión de seguir escribiendo, mejorando, aprendiendo y deseando entretener a los lectores. Creo que ése es un buen camino a seguir.

    Me disculpo si te parece que lo que digo es alguna clase de insolencia; no es mi intención. Además, entiendo perfectamente el enfado y la impotencia que supone el encontrarse con esa clase de hechos. Seguro que da la sensación de que no valoran la convocatoria que has enviado. Por no hablar de que, además, uno puede figurarse el clásico y lógico argumento: «Si uno no se valora a sí mismo como escritor, ¿por qué yo, que te voy a juzgar, voy a ser distinto?» Es normal que suponga el rechazo absoluto de los textos, pero es parte de lo que supone participar en un concurso.

    De paso, aprovecho para dar una leve confesión. El texto que envíe para el «I Concurso de Espada y Brujería» de Ánima Barda fue uno de esos casos que estamos refiriendo: un texto de carpeta. Sin embargo, no sé si esto que voy a decir supondrá una excusa suficiente, pero antes de mandarlo lo arreglé, lo corregí y además, lo hice porque pensé con completa sinceridad que se adaptaba bien a los requisitos de lo que pedíais. Claro, si ahora mismo pudiera volver hacia atrás en el tiempo, sin ninguna duda, yo habría optado por haber hecho un texto nuevo que funcionara mejor para lo que pedíais.

    En fin, que al final me ha salido un tochaco inmenso; se ve que el artículo que escribiste me ha dado pie a la reflexión. Eso de por sí es algo muy bueno.

    Muchísimas gracias por haber compartido con nosotros las impresiones, en lo personal, yo las voy a tener en cuenta. Y muchas gracias también por las oportunidades que nos dais (aunque eso es huelga decirlo)

    Un fuerte abrazo.

  2. Aplausos.

    Totalmente de acuerdo. Vamos a ver… queremos ser escritores profesionales, pero… ¿si no ganamos ya no vale la pena ni participar? Eso no es ser un profesional. Hay que tener respeto por lo que se hace, ¿pretendes que el jurado o tus lectores se emocionen o les haga pasar un buen rato su creación? Dudo mucho que alguien consiga algo así sin respeto y trabajo.
    Creo que el mejor favor que uno puede hacerse es sincero y trabajador en esto…

    Y para terminar, se supone que uno escribe porque le gusta, le nace del corazón… aunque a veces sea duro. Si no te gusta no lo hagas, punto.

    Abrazos 🙂

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